Regresar del recreo, entrar al aula después de Educación Física o arrancar las últimas horas del turno tarde puede ser una misión casi imposible. Entras al salón y te encuentras con un torbellino: estudiantes gritando, corriendo entre las carpetas, conversando de pie y con la energía al 200 %.
Ante esto, el impulso tradicional (y el que más nos agota) es levantar la voz, aplaudir fuerte o amenazar con bajar puntos. ¿El resultado? Terminas con dolor de garganta, estrés, y los chicos se calman solo un par de minutos.
El MINEDU nos pide priorizar el soporte socioemocional y el clima de aula positivo. Por eso, hoy te traemos 3 actividades súper cortas (menos de 5 minutos), sin materiales, que te ayudarán a transicionar del caos a la calma regulando las emociones del grupo.
1. La respiración del cuadrado (autorregulación)
Cuando los estudiantes están muy alterados, su ritmo cardíaco está acelerado: no te van a escuchar porque su cerebro está en modo “alerta o juego”. Necesitas bajarlos a la calma biológicamente.
Cómo aplicarla: pídeles que se sienten y miren hacia la pizarra. Dibuja un cuadrado imaginario en el aire con tu dedo (o en la pizarra) y diles que sigan tu ritmo:
- Subes el dedo: inhalamos por la nariz (cuenta hasta 4).
- Dedo a la derecha: mantenemos el aire (cuenta hasta 4).
- Bajas el dedo: exhalamos lentamente por la boca (cuenta hasta 4).
- Dedo a la izquierda: nos quedamos vacíos (cuenta hasta 4).
Por qué funciona: repítelo unas 3 veces. Al concentrarse en contar y respirar, el sistema nervioso se relaja automáticamente y el ruido del aula desaparece.
2. El ancla de la atención (atención plena)
Ideal para cortar el murmullo generalizado de golpe, sin necesidad de gritar “¡Silencio!”.
Cómo aplicarla: inventa una señal de respuesta. Por ejemplo: “Chicos, cada vez que yo diga ‘Atención, equipo’, ustedes se congelan en su sitio, dan un solo aplauso y responden ‘¡Listos!’”.
El truco: las primeras veces hazlo como un juego. Si aún hay desorden, repítelo bajando el volumen de tu voz. El cerebro humano tiende a imitar el tono del líder del grupo: si tú hablas más bajo, ellos bajarán la voz para escucharte.
3. “Tierra y aire” (para liberar el exceso de energía física)
A veces los chicos están inquietos porque llevan mucho tiempo sentados o vienen de correr con adrenalina en el cuerpo. Obligarlos a quedarse quietos de la nada no funciona: hay que canalizar esa energía.
Cómo aplicarla: pide a todos que se pongan de pie al lado de sus carpetas.
- Cuando digas “Aire”, se estiran lo más que puedan hacia el techo, de puntitas, tensando todo el cuerpo.
- Cuando digas “Tierra”, sueltan el cuerpo por completo, se agachan y tocan el suelo soltando un suspiro fuerte (“¡Aaaah!”).
Por qué funciona: hacerlo dos o tres veces estira los músculos, oxigena el cerebro y libera la tensión física acumulada. Al terminar, diles: “Muy bien, ahora nos sentamos suavemente como plumas”. El ambiente cambia por completo.
📌 El consejo de oro: sé constante
No te desanimes si la primera vez algunos alumnos se ríen o no hacen caso. Muchos estudiantes están acostumbrados al control con gritos; cuando un docente usa el soporte socioemocional, al principio les parece raro. Si lo conviertes en rutina diaria, ellos mismos te pedirán hacer la respiración o el estiramiento antes de empezar.
¿Quieres llevar el buen clima al resto de tu sesión? Combina estas técnicas con las dinámicas de gamificación para mantener la energía enfocada en aprender.
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